División de bienes de Marcelo Galliano
CARTA DE AMOR
Estimada:
Ahora que el acorde final se ha desplomado y que ninguna esperanza queda por sonar en nuestro concierto, será cuestión de ponerse de acuerdo en las cosas que cada uno hará suyas para siempre. Tomá nota, sí, por favor, tomá nota, no me mires de esa manera, no amenaces con un bosquejo de lágrima, no tenses los labios en forma de falso beso como quien va a preguntar un porqué sin respuesta. Sólo tomá nota; tomá nota te digo.
Te dejo los fines de semana de otoño en que un poco de lluvia se enjuagaba la cara en los vidrios y otro poco se derramaba en nuestras bocas llenándolas de lágrimas. Te doy las fotos que se han amarilleado peligrosamente y las que, más peligrosamente todavía, se mantienen intactas en un CD, burlándose de nosotros. Te entrego el hueco tibio de la almohada; la miel con que untabas el pan y ensuciabas tu nariz, y todo el helado de vainilla que exista; todas las estrellas, todos los eclipses, y todos los pinos y las fuentes de Roma que jamás he visto pero a las que Respighi le ha dado los pentagramas que escuchábamos los viernes, bajo una luz color ceniza, mientras vos deseabas que pusiera otro disco.
Y, principalmente, te brindo la línea del horizonte para que corras sin recordarme nunca, sin tropezarte con el fantasma de mi nombre.
Pero por favor, no se te olvide de tener bien en claro que para mí, para mí y solamente para mí, queda toda la tristeza del mundo.
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